El Blog de Raukasán

De todo un poco… pero sobre todo de LUCENI

Breve Historia de Luceni

noviembre 15th, 2009

La plaza de Luceni

La plaza de Luceni

Luceni tiene mucha historia… y aquí iremos contándola

Si por su emplazamiento actual  entre la margen derecha del río Ebro y el Canal Imperial de Aragón,  acusa esta localidad un índice muy alto de prosperidad, por las ruinas halladas en el que fue asiento primitivo del pueblo, se aprecia el remoto origen histórico de éste, que data de los tiempos de la dominación romana, por lo menos…  de su subsuelo se han extraído monedas y medallas del emperador Antonio Pío (siglo II), evidenciándose también el paso del conquistador visigodo por vestigios munismáticos de los tronados de Wamba y de Witiza (siglos VII y VIII).

Más la verdadera historia de Luceni no comenzará hasta la época de su reconquista a los moros, que puede fijarse sin error en el año 1110, al igual que la vecina villa de Gallur, en cuya crónica se relata que todas las tierras ribereñas del río Ebro cayeron en dicho año en poder de Alfonso el Batallador.

El pueblo de Luceni fue rescatado de la servidumbre musulmana a principios del siglo XII, para convertirse en centro de uno de los más antiguos Señoríos de la Casa de Luna, uno de cuyos representantes, don Lope Ferrench de Luna, poseía Luceni durante el reinado de Alfonso II de Aragón.

Tuvo este don Lope una hija que casó con el ‘ricohombre’ don Guillén de Alcalá, de quien se habla en el Registro del rey don Jaime I del año 1264, intitulándolo como “Señor de Lucenich”, y efectivamente lo era, por haberlo recibido como dote de su esposa.  Todavía en el año 1281 figura como tal en un llamamiento hecho por Pedro III el Grande a los Ricohombres aragoneses.

Posteriormente fue heredado por su hijo don Lope Ferench de Lucenich, que se apellida como el abuelo materno sin duda por el origen del Señorío. A éste confirmó Alfonso III de Aragón, por privilegio datado en Huesca a 13 de las Candelas de noviembre del año 1286 como premio de sus servicios a la Corona, la posesión y el señorío de la “Villa y Castillo de Lucenich” para él y los suyos, perpetuamente…

Luceni estuvo en poder de la descendencia de este don Lope hasta mediados del siglo XIV, en que el Señorío pasa a poder del Conde don Lope de Luna, vencedor de la “Unión Aragonesa” en Épila (1348).  Como éste era el jefe de la Casa de donde procedía el Señorío, parece una restitución más que una venta, ya que la estirpe varonil de los Señores de Luceni se afeminó, no quedando otro representante masculino que don Lope Fernández de Luna, Arzobispo de Zaragoza, muerto en 1382.

La segunda etapa del Señorío de Luceni, y la más brillante, comienza con don Lope de Luna, el más poderoso ‘ricohombre’ del reinado de Pedro IV de Aragón. Por su testamento de 1358 transfiere el Señorío a su hija doña María de Luna, Reina de Aragón por su matrimonio con Martín el Humano. Cuando ésta muere, Luceni pasa con todos los Estados de la Casa de Luna a poder de don Martín de Aragón, su hijo, Rey de Sicilia, y quien lo transferirá a su hijo natural, don Fadrique de Aragón, quien por no acatar la Sentencia de Caspe de 1412, verá todas sus propiedades confiscadas por Alfonso V.

Desprendido pues Luceni del dominio de los Luna, se incorpora a la Corona, de la que volverá a salir en el año 1432 por haber vendido el pueblo el hijo del primogénito de Antequera a favor de don Pedro Martín de Montello, que lo adquirió por precio de 4.500 florines de oro.

Pasó luego Luceni a Gonzalo del Manzano, que vuelve a venderlo a su vez, en 1443, y por la suma de 15.000 florines, a don Bartolomé de Reus, cuya descendencia lo poseerá hasta que – y a través de doña Lorenza Agustín de Reus- pasa por herencia a los Condes de Fuenclara, y en su poder permanecerá el Señorío de Luceni hasta principios del siglo XIX, época en que se declaran abolidas esta clase de jurisdicciones.

La vigencia del Señorío de Luceni dura cerca de setecientos años, y en él están involucradas las primeras familias de Aragón, sin excluir las dos regias Dinastías de los Berengueres y de los Antequeras.

Incorporado el pueblo a la Corona tras las Cortes de Cádiz, su economía seguirá dependiendo únicamente de la agricultura, hasta que la industria hace su aparición en el pueblo con la instalación de una fábrica azucarera en 1911 con el nombre de AZUCARERA DEL EBRO.

Aterrizaje en Luceni – Segunda Guerra Mundial

noviembre 2nd, 2009

avion-que-aterrizo-en-luceniSorprendente… A mis 42 años, descubro y me entero de que un bombardero norteamericano tuvo que realizar un aterrizaje de urgencia en Luceni durante la Segunda Guerra Mundial… La noticia y reportaje se publica en el periódico Heraldo de Aragón, en su edición del domingo 28 de junio de 2009.

Pregunto a mi padre, y recuerda perfectamente aquel suceso, cuando él era muy niño, tenía 8 años… yo nunca lo había oído.

Bien, resumiré e incorporaré a este portal esta noticia, que tiene su origen un 19 de junio de 1944, cuando el «Dog Breath II» (aliento de perro), alcanzado por los nazis desde su base de Burdeos, y desviado de su ruta, tuvo que buscar un lugar donde hacer un aterrizaje de emergencia… el lugar escogido fue Luceni, en plena Ribera del Ebro.

La Segunda Guerra Mundial llegó pues a Luceni de forma totalmente inesperada.  Aquella mañana del 19 de junio de 1944, los luceneros se vieron sobresaltados por el aterrizaje de un B-17, bombardero americano de grandes dimensiones, que antes había realizado varias pasadas sobrevolando el pueblo y buscando el lugar idóneo para su aterrizaje de emergencia…

Según se cuenta por los mayores del lugar, recuerdan como todo el pueblo se desplazó a las inmediaciones del Canal Imperial de Aragón a su paso por Luceni, y cerca de la actual carretera N-232, donde la aeronave aterrizó. En aquellos momentos Luceni contaba con unos 1.500 vecinos

También recuerdan que la tripulación estaba formada por unos diez jóvenes de los que nadie sabía su procedencia, no sabían si se trataba de Alemanes, Americanos,…

Aquella misma mañana, el avión de la Fuerza Aérea Norteamericana había salido de su base en Deopham Green, cerca de Norwich (Inglaterra) para bombardear una base de la Fuerza Aérea Alemana: la base de Luftwaffe, ubicada en Corme-Ecluse (población francesa al norte de Burdeos)…. era la etapa en la que las Fuerzas Aliadas intentaban barrer las posiciones nazis en la Francia ocupada.

En este momento, el único superviviente de aquella tripulación es Clark G. Graham, piloto del avión, que vive en Lusiana (EE.UU), y tiene 92 años.

Según la entrevista que los colaboradores de Heraldo de Aragón hacen a Clark G. Graham, quien recuerda perfectamente este suceso, relata como tras ser alcanzados por las baterías antiaéreas en el primer motor ya comprobaron que no podían volver a Inglaterra y recibieron instrucciones de llegar hasta Portugal, pero comenzaron a perder altura y por ello decidieron buscar un lugar donde poder realizar un aterrizaje de emergencia antes de que se complicara más la estabilidad y funcionamiento de la aeronave.

Los vecinos obsequiaron con una costillada a la tripulación antes de dejar el pueblo (todavía lo recuerda Clark G. Graham), y éstos regalaron algunas de sus cazadoras y chocolatinas a la gente del pueblo.

Acompañados de personal del Ejército Español, fueron trasladados a Zaragoza y luego a Alhama de Aragón donde permanecerían diez días. Finalmente se trasladaron a Gibraltar desde donde se reincorporaron a otras misiones.  De hecho, la misma tripulación del Dog Breath II volvería a combatir con otra aeronave: Sack Time Sioux

El avión era un B-17 G-10, con número de serie 42-31330, unidad 452 BG/728 BS de la Fuerza Aérea Norteamericana, y apodado Dog Breath II, que significa ‘aliento de perro’. Poco después del aterrizaje en Luceni, y parados los motores, la tripulación destruyó la aeronave.  No era lo habitual, pues en otros casos similares de aparatos norteamericanos que cayeron en suelo español, después eran adquiridos por el gobierno para servir en la aviación civil. Por supuesto el  Dog Breath II no fue el único avión que tuvo que aterrizar en suelo español durante la Segunda Guerra Mundial.

Para los vecinos del pueblo fue un acontecimiento único, que estaba presente en todas las conversaciones del momento. Del avión tan solo quedaron los restos que se guardaron en el barrio de La Barca, en casa del «tio Trallo», hasta que años más tarde el Ejército se hizo cargo de ellos.

Por la situación del momento, este suceso de Luceni, permaneció oculto a la opinión pública durante todos estos años… como dice el reportaje de Heraldo de Aragón, se trata de una capítulo prácticamente inédito hasta la fecha en la historia de Aragón y de España

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